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OPINIÓN

Intentar gobernar con tantas deudas acumuladas a las restantes formaciones políticas y un fardo cargado de mentiras, improvisaciones y promesas incumplidas resulta utópico. A modo de ejemplo y en principio contemplaremos el problema suscitado a propósito del nombramiento irrealizado de un nuevo responsable de RTVE.
Albert Boadella, el cómico siempre crítico con los desmanes del poder catalán, su Ubú president con el que criticaba a Pujol fue buena expresión de ello, y le costó un destierro de facto de su Cataluña natal; de repente irrumpe en la política como flamante president de ese territorio imaginario llamado Tabarnia.
Uno de los crímenes periodísticos más repugnantes que he vivido tienen que ver con Cristina Fallarás, que ahora la incluyen en la lista de consejeros de RTVE, a comienzos del dos mil.
Recuerdo que en una de las tantas exitosas series de televisión en donde el argumento gira sobre los servicios secretos de los países, es claro que el tema vende, que con buenos libretos generalmente apoyados en la realidad, atraen audiencias, se mostraba a un departamento especial de los servicios secretos en el cual sus integrantes, todos ellos gente de primerísimo nivel, se especializaban, su única actividad era descubrir caminos insólitos en que sus potenciales enemigos podían atacarlos.
Si el entusiasmo de Podemos en el hemiciclo del Congreso tras ganar Pedro Sánchez la moción de censura pudo parecer tan exagerado que hasta los propios socialistas se miraban entre sí con evidente desconcierto, lo que ha ocurrido después invita a pensar que entre los dos líderes de la izquierda existe algo más que amistad interesada, existe un acuerdo político.
Mientras la Corte Penal Internacional inicia un análisis de la “guerra antidroga” de Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, días atrás las fuerzas de seguridad de Bangladesh mataron a 11 supuestos narcotraficantes en una nueva operación que se ha cobrado 30 muertos en una semana, ante las críticas de activistas que la ven como un plan "al estilo" del presidente filipino, es decir, aprovechar la excusa para eliminar opositores.
Me da en la nariz que Pedro Sánchez ha conseguido con su “ministro plenipotenciario” Pablo Iglesias calmar a los de la República Catalana, porque eso es lo que se creen que es, un estado independiente, los seguidores de ese nazi conocido por su diminutivo Quim, llamado Joaquín Torra.
Los que se resisten a secundar la locura nazionalista catalana, con “Z” de “nazis”, lo están pasando mal. Los jóvenes cachorros de Arran, rama juvenil de la CUP, imitando la kale borroka vasca, no paran de ejercitar la violencia contra las organizaciones, empresas y políticos que no se manifiestan a favor de la república.
Carta abierta de la formación de izquierdas abulense en la que califican de "mal chiste" que se pretenda comparar estas posibles nuevas explotaciones con la minería del carbón, "que precisamente está laminando el PP".
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