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Corazón, vísceras y cerebro
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Corazón, vísceras y cerebro

Por Jorge Molina Sanz
jueves 23 de mayo de 2019, 10:41h

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Después de las generales, nos enfrentamos a las municipales, europeas y autonómicas. Muchas elecciones y mucha responsabilidad en un momento de incertidumbres.

Esta mañana nos reunimos más tarde de lo habitual, nos estaba esperando nuestro viejo marino que, aunque parecía haber olvidado sus peripecias de las elecciones anteriores, nos volvía a poner algunas reflexiones encima de la mesa.

—Observo que las encuestas y sondeos predicen que se van a repetir, con algunas excepciones, los resultados de las generales. Es posible que esa sea la tendencia, incluso entendible para las europeas, también —aunque sean más cercanas— en las autonómicas, pero resulta extraño para las municipales. Las elecciones para elegir el gobierno de ayuntamientos y diputaciones resultan mucho más cercanas, se supone que se vota gestión y no ideologías. De hecho, tradicionalmente, estamos acostumbrados a que el voto de las nacionales variaba en muchas localidades en función de los candidatos que se presentaban y la valoración de la gestión que habían realizado los mandatarios en los últimos cuatro años.

Intervino nuestra joven profesora:

—Estamos asistiendo a una nueva época, se han puesto sobre la mesa muchas cosas que antaño, con seguridad no os planteabais, pero vivimos un momento diferente, con sensibilidades muy diferentes y los anhelos, la visión y los objetivos de vida son diferentes a la generación anterior. Y las urnas no dejan de estar inmunes a eso, todos esos sentimientos y sensaciones están en esos votos.

Nuestro viejo marino, asintiendo con la cabeza, le replicó:

—Seguro que tienes razón, pero ya estamos una vez más con la casquería. El corazón, las vísceras y el cerebro. Ya hemos hablado mucho de eso, pero las nuevas generaciones que votan, y todos los que ya somos veteranos en estas lides no nos deberíamos de abstraer de aquellas sabias palabras de Alberto Moravia, el escritor italiano, que decía: «curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado». Habrá que pensar fríamente que con nuestro voto lo que estamos eligiendo es una opción para que se conforme un equipo de gobierno para nuestro ayuntamiento, diputación o autonomía; y que lo que se necesita de ellos es que nos solucionen problemas más o menos cercanos, que hagan nuestra vida más fácil y que tengan una visión de futuro para que nuestras ciudades, provincias o autonomías se desarrollen y sean más boyantes. ¡Todo lo demás son zarandajas!

—Aunque sobre el papel y en la teoría pueda ser así —comentó nuestra joven profesora—, no puedes olvidar y sustraerte que los votos emocionales y por sentimientos existen. No todo es gestión, si solo fuese eso, el PP no estaría en la situación que se encuentra.

Nuestro viejo marino continuó con su alegato:

—Eso me parece muy bien, lo entiendo y participo de ello, pero me gustaría decirles a aquellos que voten a las opciones que resulten ganadoras tienen que saber que, en el futuro, serán —o seremos— corresponsables de los éxitos y fracasos de esos gobiernos. Y si aciertan, y si los logros son palpables y tangibles, podremos pensar que hemos acertado y, en caso contrario, no hay derecho a quejarse. Es más, añadiría: Si su opción le ha reportado éxitos, avances y se han cumplidos sus objetivos está claro que debe sentirse feliz y en el futuro apoyar sin fisuras esa opción. Sus objetivos se han conseguido.

Parecería que había concluido, aunque siguió:

—Pero si después de haber votado una opción ganadora se lamenta, si comprueba que todos sus sueños se han desvanecido, si las promesas se han incumplido, si se siente defraudado y en las próximas elecciones vuelve a votar a esa misma opción política, que me perdone, pero esa persona es un orate y un memo que no merece ningún respeto intelectual. Porque entiendo los sentimientos y las sensaciones, pero nos jugamos cosas mucho mas tangibles, aunque los políticos se empeñen en llevarlo al terreno de lo ideológico.

Como siempre, cuando nuestro viejo marino se lanza puede ser muy incisivo, pero nuestra profesora medió:

—¿Entonces crees en aquella frase de Mark Twain cuando decía que «es más fácil engañar a alguien que convencerlo de que ha sido engañado»?. Tienes que pensar que además de cerebro, los seres humanos tenemos corazón e instintos.

—Si, creo en eso de Twain —siguió exaltado, nuestro marino—, hay prototipos de tontos a los que se les acaba engañando una y otra vez y seguro que nadie logra convencerles de que han sido engañados. Además, es mentira que el pueblo nunca se equivoca, a lo largo de la historia hay muchos ejemplos de lo equivocados que estaban. Los pueblos han sido siempre manipulados con demagogia y promesas utópicas, y ahora con la explosión de las redes sociales el sectarismo, la radicalización, la divulgación de bulos y las fakes —somos tan estúpidos que hemos dejado de penalizar y reprobar la mentira y ahora le hemos buscado este nombre para que parezca que es un juego— están a la orden del día. El voto tiene que empezar a estar metido en las urnas con la razón, no con los sentimientos o los instintos primarios. ¡El pan se hace con trigo, no con humo!

La profesora, una vez más, templó:

—Piensa que además del cerebro, tenemos corazón y vísceras

Se nos había hecho tarde, y nuestro marino parecía estar hambriento, se dirigió al camarero y le pidió una cerveza. Nos miró y dijo:

—No hemos parado de hablar de casquería, permitidme que me pida una tapa de callos.

Nos miramos, nos sonreímos y le acompañamos con una cerveza bien fría.

Como no entendemos nada de política, aquí en la aldea, nos consolamos con los aperitivos; es una de las ventajas de estar cerca del mar.

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