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Por Alejandro A. Tagliavini

El estatismo niega la existencia de la ciencia y deforma el lenguaje para disimularlo

El estatismo niega la existencia de la ciencia y deforma el lenguaje para disimularlo
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(Foto: Cibeles AI)
Por Alejandro A. Tagliavini
lunes 19 de octubre de 2026, 15:34h

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En primer lugar, quiero aclarar qué se entiende por “estatismo”. Es la creencia de que el Estado es necesario, y bienhechor en alguna medida. Es decir, incluye a todos los que creen en él, ya sea uno supuestamente mínimo o máximo. Y digo “creencia” explícitamente porque, como veremos, no puede explicarse científicamente.

El Estado podría definirse como el monopolio de la violencia, que se arroga, con el que, para empezar, recauda impuestos para poder sobrevivir. De no contar con este monopolio, sería solo otra organización privada que competiría en el mercado para intentar financiarse. Por cierto, la violencia es la fuerza extrínseca al ser violentado -al orden natural- que pretende desviar su desarrollo espontáneo (cfr. Aristóteles, Tomás de Aquino).

Entonces, todos los estatistas tienen un serio problema con la ciencia desde que es imposible justificar el uso de la violencia científicamente. Ahora, los que creen en el Estado “mínimo” se sienten relativamente cómodos con la ciencia ya que no han llegado al punto en que la opinión pública les exige demostrar la viabilidad lógica de su creencia, dado que prácticamente el 100% de las personas hoy cree que la violencia es necesaria en ciertos casos.

Por el contrario, quienes creen en un Estado más grande -cuando el monopolio de la violencia, la violencia es más abarcativa- sí se ven fuertemente cuestionados por la opinión pública. Y, como es imposible justificar su posición científicamente, han comenzado a confundir a la opinión pública deformando el lenguaje con el fin último de afirmar que la ciencia ha muerto, de hecho, ya lo han empezado a decir solo que no de manera tan cruda y directa, sino de manera indirecta.

Para muestra de esta deformación deliberada del idioma tenemos a los “pacifistas”, los partidarios de la “no violencia” que son violentos pero solo admiten las FF.AA. que ellos consideran buenas, y para ello deforman la palabra al punto que no llaman violencia, por caso, a la imposición coactiva -vía violencia policial- de normas que consideran “socialmente justas” -como cobrar impuestos, sobre todo a los ricos- y sí a situaciones verdaderamente injustas pero que no son violentas en sí mismas, por caso, al hambre que no es de suyo violenta aunque sí, irónicamente, es producto de la violencia estatal hecho que, como buenos estatistas, niegan.

Otra deformación hoy en boga es el “costo fiscal” o “gasto tributario” del Estado que sería lo que deja de recaudar el fisco en determinados casos. Pero la misma definición los pone en evidencia, se trata de lo que eventualmente deja de recaudar, pero de ninguna manera es un gasto o un costo. Lo que sucede es que, con esta deformación, intentan instalar la idea de que el Estado es el dueño de esa recaudación eventual y que, por tanto, la perdería, cuando los propietarios reales son los privados a quienes se la quitan.             

Y quizás la falsedad ideológica más extendida sea la de calificar como «inflación» el aumento de un Índice de Precios al Consumidor (IPC) calculado de manera arbitraria por diversos organismos —cada uno de los cuales, naturalmente, arroja resultados distintos—. El propósito de esta falsedad es negar que la inflación (exceso de emisión) sea culpa del Estado (construido por la imaginación humana) y, en cambio, trasladar la responsabilidad al mercado (natural).                         

He tenido una discusión muy interesante con un “pacifista” –“humanista”- inglés. Me escribió que el “el ser humano... transforma tanto al mundo como a su propia naturaleza”, es decir, el ser humano diminuto, con solo 150.000 años de existencia, supera hasta poder cambiarla a su “creadora”, la naturaleza, infinita por tamaño y con millones y billones y trillones de años de vida. Esto me resulta imposible de creer. Por cierto, esta supuesta “transformación” requiere coacción, violencia que para ellos no lo es según su arbitraria definición de coacción. 

El grave problema es que de aquí se deriva que la ciencia ya no existe. Es decir, como se trata del estudio de las leyes naturales y su orden (cfr. Maritain, Feyerabend…), por caso, las leyes de la física -la gravedad o las ondas electro magnéticas, etc.- , la biología, la medicina, etc. desde que la naturaleza ha sido superada por el hombre, el estudio de sus leyes ya no tiene sentido: la ciencia ha muerto y ahora lo que vale es la imaginación – en el sentido académico de la palabra- humana, es decir, ya no vale la realidad objetiva de la naturaleza sino lo que subjetivamente uno o varios o todos los cerebros humanos “encuentran” que es la verdad y “transforman” la naturaleza en consecuencia.

Insisto, ya no hay un orden natural anterior al hombre -incluido un orden social desde que el hombre es naturalmente asociable- y, por tanto, objetivo, merecedor de un estudio racional, científico, sino que el hombre lo “transforma” y esa “transformación” es “descubierta” -interpretada- por uno o varios o todos los cerebros humanos, es decir, ya no se trata de un hecho objetico sino subjetivo de humanos. Así, la imaginación humana ha reemplazado a la ciencia y se cree con derecho a diseñar un orden social coactivo que pretende suplantar, superar, transformar, al orden natural.

Este trastocar el verdadero carácter científico por un concepto falso y, por tanto, irreal, desubicado es lo que viene provocando el descreimiento de las personas en la ciencia y los científicos, como puede leerse en el artículo “Global trust in science falls below pre-pandemic levels, survey finds”.

Por cierto, el artículo cita unas encuestas reveladoras -y por ello lo cito- mostrando el creciente descreimiento en lo “científico” pero yerra en el análisis de las causas. De hecho, supone que existió una pandemia -otra falsedad ideológica- cuando la ciencia dice que es imposible la existencia, no del supuesto virus llamado Covid-19, pero sí de una pandemia en el sentido de una epidemia que podría causar la desaparición de la humanidad.

La mayoría de las epidemias, sino todas, han sido históricamente superadas por la propia creación natural de anticuerpos en las personas. Además, el ser humano tiene la capacidad racional suficiente como para advertir y prevenir enfermedades de manera eficaz. Todo esto se condice con la teoría metafísica (la ciencia de la Metafísica cuyo genial exponente fue Aristóteles, entre otros) de que la humanidad, como conjunto, es trascendente porque posee dentro del orden natural, gracias a su alma intelectiva, la capacidad única de superar los accidentes biológicos, temporales y materiales, y perdura más allá de la vida de los individuos que la componen.

Corolario: lo que le está faltando a la humanidad es coherencia racional, ergo, sin dudas lo primero que debería enseñarse hoy en las escuelas es la ciencia de la Lógica -en lugar de memorizar, inútilmente, en la era de la IA- y a elevar el nivel moral para aceptar la verdad, aunque vaya contra nuestros intereses inmediatos y debamos sobreponernos al miedo de ir “contra la corriente”.

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