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OPINIÓN

Para comprender nuestro espacio tiempo es imprescindible que entendamos la dualidad: Frio-calor, noche-día, sístole-diástole, expansión-contracción…
En los grupos animales podemos decir que los simples administrados son más difíciles de encuadrar porque casi todos los miembros de la manada tarde o temprano serán jerarquía o alcanzarán a ser élite.
La historia tiene sus vueltas. La Checoslovaquia que invadieron los tanques del Pacto Varsovia hace 50 años para terminar con la Primavera de Praga, hoy ya no existe.
Pretender vincular un homenaje a las víctimas del terrorismo con el aberrante empeño del independentismo catalán, supone, cuando menos, un mayúsculo despropósito.
Cuenta Sergio Ramírez, en su artículo “Por qué la revolución sandinista se fue al traste”, que “la deriva autoritaria de Ortega comienza tras el pacto en el año 2000 con el expresidente liberal Arnoldo Alemán, el jefe corrupto del partido liberal…”.
Al analizar desde fuera con un estudio riguroso los animales de grupo, observamos en todos ellos que al lado del líder siempre existen varios machos o hembras –tal es el caso de las elefantas- que sustentan al grupo y ejercen un liderazgo claro sobre los demás.
El yihadismo, acorralado en Siria, ha retomado su retórica amenazante en forma de vídeos en los que rehenes extranjeros atemorizados piden ayuda para no ser decapitados, repitiendo la escalofriante serie de grabaciones emitidas por el Estado Islámico (ISIS) en los años de su máximo apogeo, de 2014 a 2017.
En Argentina, ¿alguien imagina a Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, la mayor fortuna y, según la revista Forbes, una de las más importantes del mundo, con detención domiciliaria previa citado por los tribunales y durante horas declarando frente a juez y fiscal sobre el contenido de los famosos cuadernos de un arrepentido, luego retornar a su domicilio con una prohibición de salida del país?
No era famoso. No era ambicioso. No era creído ni egoísta. Cuando lo necesitabas, allí estaba, como un ángel de la guarda, llenándote la piscina, la balsa, o ayudándote en las labores de la finca. El pasado sábado se le despidió en la iglesia parroquial de Pechina.
Tengo pasión por el violín, nunca estudié para aprender a tocarlo, por un lado porque siempre fui un inútil, un torpe total con las manos, cualidades que aún mantengo inalterables ( se aceptan bromas al respecto ), pero al principio fueron razones económicas que lo impidieron, luego cuando éstas fueron superadas la edad y las siempre falsas excusas hicieron que llegara a lo que hoy soy, parcialmente o cubrí con mi devoción por escuchar y deleitarme con sus conciertos, la exquisita música húngara en donde el violín es parte principal de ella complementan los estilos y mis oídos.
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