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Perdices y escopetas

Perdices y escopetas

Por Jorge Molina Sanz
jueves 25 de abril de 2019, 15:31h

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En el tramo final de la campaña electoral podríamos hacer pequeñas reflexiones de algunas cosas anecdóticas y otras que se están convirtiendo en habituales.

Con los periódicos encima de la mesa y los debates en la retina estaba claro que hoy tocaba hablar de las elecciones. Nuestro viejo marino parecía querer dar algunas pinceladas a lo visto y leído en estos días.

—Después de una precampaña larguísima, menos mal que con la Semana Santa se nos ha permitido descansar y aminorar esa intensidad tan cansina, aunque eso no ha reducido el nivel de despropósitos, manipulaciones y mentiras a que nos tienen acostumbrados. Más de lo mismo, pero en esta ocasión tengo la sensación de que nos jugamos algo más que la elección de un nuevo gobierno, y aunque suene a apocalíptico nos jugamos el mantenimiento de muchos de los principios que nos otorgamos con la llegada de la democracia, las bases que hemos cimentado en los últimos 40 años, que nos han permitido estabilidad, normalización internacional, crecimiento económico y avances sociales a todos los niveles. Aunque ahora Iglesias saque el «misal» en los debates y nos lea farisaicamente los artículos de la Constitución que hace un rato decía que había que destruir, que hay que respetar a las fuerzas armadas, a las que ayer decía que le gustaba ver como se las machacaba, ese Pablo, como el del caballo, aunque haya visto la luz no nos puede engañar.

Hoy parecía que había unidad de criterios porque nuestra joven profesora siguió:

— Si, parece que en estas elecciones están en juego cosas más profundas. Esa corriente populista que se está implantando —aunque es un fenómeno de mayor alcance—, las sombras de crisis que se asoman, las amenazas de un mundo digital y tecnológico y este rearme beligerante del independentismo que tenemos nos hacen meditar el sentido de nuestro voto. Son muchas variables que están encima del tablero y es evidente que el enfoque político según como se conformen las mayorías para gobernar nos vamos a encontrar en direcciones muy opuestas.

Es cierto que muchos aspectos de la economía global se escapan a nuestro control, pero dos factores cercanos son preocupantes por sus consecuencias en el corto, medio y largo plazo. Por un lado, el populismo vendiendo una imagen catastrofista y demagógica que no se corresponde con la realidad. Si hay baches en las calles, será porque hace mucho que no las han asfaltado, pero no porque estén patrullando tanques y escuchando a algunos personajillos políticos lo parecería. La otra cuestión es la autonómica, la experiencia está demostrando que nos movemos en una senda peligrosa, y no solo en Cataluña. Cuando hablamos de autonomía estamos hablando de desigualdades entre territorios, que es muy diferente a diversidad cultural. En lugar de converger cada vez nos distanciamos más. Algo se hizo mal y no se puede persistir en el error porque a unos pocos les convenga.

Reflexiones que nuestro marino, después de darle un largo sorbo al café, parecía que quería reconducir hacia otro lado:

—Todo eso está encima de la mesa, pero quiero ir a algo más inmediato. Cada día me causa más rubor y estupor esos pequeños actos vandálicos en las sedes de algunos partidos, o en los domicilios de determinados jueces, o ver como en pueblos españoles como Rentería, Torroella de Montgri o Vic se insulta y amedrenta a personas porque difieren de sus creencias. La historia tiene muchos ejemplos de como es odio ha llevado al genocidio o guerra civilismo. La barbarie y el primitivismo inexplicable que manifiestan estudiantes de la Universidad Autónoma de Barcelona no son más que ejemplos de intolerancia y de totalitarismo. Esta es una forma muy parcial de entender la democracia.

Habrá que empezar a hacer pedagogía y explicar alto y claro que significa libertad, respeto a las ideas, Hay que empezar a decirle a todos estos «demócratas totalitarios» que ellos son el germen de la violencia, la división y el caos. Que ellos no hacen defensa de sus ideas, sino que son unos involucionistas, que en definitiva son unos desestabilizadores de la democracia.

Por esos cuando estas personas son los socios de gobierno también debemos pensar si se debe votar a un individuo amoral, mendaz y que solo le preocupa su sillón. Votar a ese partido actualmente no es apostar por aquel partido de progreso, renovación y transformación de este país —con aciertos y con errores— como ocurrió antaño. El de ahora representa lo peor de nuestras expectativas, porque aquellos sensatos que difiere, que creen que es una barbaridad esta política están agazapados y callados.

Nuestra joven profesora añadió:

—Sería bueno preguntarse ¿Quién otorga los títulos de demócratas? ¿Qué es ser demócrata? O ¿Quién es el provocador? Estos herederos de los «cristales rotos» que amedrantan, presionan, violentan y hacen piras con banderas constitucionales tienen la osadía de llamar fascistas a aquellos que solo tienen el delito de ejercer su derecho de poder estar en cualquier parte del territorio nacional y expresar sus ideas libremente.

Nuestro cínico viejo marino concluyó:

—Esto es el mundo al revés. ¡Parece como si las perdices disparasen a las escopetas!

Vivimos en el esperpento, aunque a lo mejor no deja de ser el relejo de estos días lluviosos y ventosos junto al mar. A fin de cuenta en la aldea opinamos de una forma muy especial.

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