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OPINIÓN

El estado del estado (XVI): Visión adolescente

Carlos González | Miércoles 24 de junio de 2020
Cuando Yony elabora su informe y dice que lo que se encuentra en la Tierra es una civilización con visión de adolescente, lógicamente ha de explicar en qué se basa. Muchas veces es reprochado por su buen amigo, Mario –al que dedico este artículo- porque dice que en los informes habla de cosas abstractas y, a veces, demasiado generalistas, y puede dar lugar a no entender muy bien de qué estamos hablando.

El desarrollo mental de los países más adelantados de Occidente están en un planteamiento de lo que se denomina, un adolescente tardío, porque su mente funciona en términos generales como lo suele hacer una persona de entre veintiuno y veintitrés años. Analicemos un acto concreto en que se pueda apreciar de forma clara cómo se toman las decisiones por los máximos representantes de la política, y concluiremos que son casi iguales a como los adoptaría un adolescente en su juego de relaciones. Veamos.

Hemos asistido a las negociaciones en el estado Español para la investidura de su máxima autoridad política, el que adopta las últimas y más importantes decisiones que vinculan a toda la población española, y ha tenido que negociar con la cuarta fuerza política del parlamento, en principio ante la negativa a la mínima negociación de las otras dos fuerzas políticas, la segunda y la tercera. Sería bastante fácil probar el comportamiento adolescente de estas dos, sobre todo del líder de una de esas fuerzas. Ha dicho claramente que ni se reúne con el futuro presidente, y que aunque le prometan que el PSOE llevará la mejor política liberal nunca negociará con ellos. Díganme si ese no es un comportamiento de adolescente. Un adulto escucharía, negociaría lo posible, y después -con sus razones- explicaría por qué le fue imposible alcanzar un acuerdo, pero con total respeto al otro equipo negociador, porque puede que dentro de cuatro u ocho años se vea en la situación contraria. Eso un adulto lo sabe siempre y lo prevé.

Pero donde mejor se ve el comportamiento adolescente es en las fuerzas primera y cuarta. Es consustancial a un adolescente su idealismo y visiones de cambios radicales del mundo. Yo, yo, yo mis conceptos e ideales, la realidad de los otros no existe, solo mi yo y lo que yo creo o pienso. No hay intereses colectivos. Ambos lo han manifestado en sus actos y en sus explicaciones públicas. o Cesar, o nada. Propio de cualquier adolescente.

Pero donde mejor se aprecia es en la falta de responsabilidad. Todo adolescente es por naturaleza un irresponsable absoluto. Él nunca es responsable de nada. La culpa siempre es de los demás, y en especial de los contrarios. O del padre, o del estado, o de la sociedad en su conjunto, pero nunca suya. Lo vemos en que ninguno ha asumido la más mínima autocrítica, la única responsabilidad ha sido del contrario, o porque quería todo el poder para él, o porque quería tanto poder que crearía una bicefalia, han dicho ambos contendientes acusando de forma absoluta al adversario.

Un adulto intentaría negociar, de entrada dejando entrever que podía alcanzarse un acuerdo, o no. Pero iría con prudencia y así lo transmitiría a la opinión pública, pero ambos han dado a entender que el no acuerdo era imposible. Por otra parte, una vez terminado en desacuerdo, un mente adulta daría una pequeña salida al que inexorablemente tendrá que convivir con él –algo que no hizo Pedro Sánchez con el PP hace dos años y ahora ha de tragar su propia respuesta dada por el contrario- y más aún si ha de seguir negociando con él. Explicaría a la prensa que puede que no haya sabido trasmitir al contrario sus propuestas o que no han sido entendidas, pero no se comportaría como un chiquillo ante mamá que, “de los ruidos en la habitación el culpable único y absoluto siempre es su hermano”.

Un adulto trataría de entender las posibles razones ajenas y, con un intento de seducción, y no de presión a muerte, intentaría convencerle de que un nuevo pacto es posible porque son vecinos, y han de convivir, porque vivir de espaldas, en un pueblo pequeño civilizado, es completamente imposible. En el congreso solo son 350.

Aquí hemos tenido todo lo contrario. No solo eso, sino que han salido en la propia tribuna del congreso poniendo a parir al otro y desvelando, para cualquier negociador avezado, cuál ha sido toda su argumentación en la negociación, lo cuál ha de permanecer siempre en la trastienda para un experto negociador. ¡Vamos, de chiquillos!

Todo el acto de negociación, y más aún las explicaciones ofrecidas al exterior, han sido el reflejo de la conducta de unos adolescentes fijando con el profesor la fecha de exámenes, o la discusión por un acto deportivo en el recreo del “insti”, pero nunca la de unos adultos y avezados negociadores que son todo simpatía y caramelos al contrario, tanto con el ánimo de endulzarlo y atraerlo, como de comprender que si no se llega a un acuerdo la convivencia ha de continuar, porque lo contrario, ¡Hay de lo contrario!… Ya sabemos que, entre adolescentes en seguida surgen… Los puñetazos.

Sobre el autor

Carlos González-Teijón es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición Psicología de virtudes y pecados, de editorial, Letras de autor.

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