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OPINIÓN

El estado del estado (VI): Público privado

Carlos González | Miércoles 08 de enero de 2020
Yony sigue reflexionando, hay muchas cosas que quedarán para su simple observación y análisis, y otras, ya resumidas, serán las que pasarán a la comunicación directa con sus autoridades. Una de las que le lleva a darle vueltas en su cabeza, y producirle cierta consternación, es nuestra imposibilidad de alcanzar el equilibrio en la distinción y tratamiento entre lo público y lo privado.

Le echó un poco la culpa a nuestra procedencia de la cultura Romana. Esta, en su derecho, no manejaba muy bien el concepto de la relación jurídica de la persona y el patrimonio privado, con lo público. De hecho lo público era más bien la propiedad de alguna gran familia, de un senador o del todo el senado, o del propio emperador. De hecho las siglas SPQR que portaban las legiones significaban: “Propiedad del Senado de Roma”. Tuvo que ser el derecho germánico el que nos enseñara el manejo del concepto del derecho de propiedad público. De ahí los bienes comunales municipales que se siguen usando en toda España.

El que ahora reflexionaba contemplaba nuestra guerra política entre los partidarios del Comunismo y los llamados Capitalistas, o en otros casos leía la expresión, “Neo-liberales”. Unos, defensores de lo común hasta hacer desaparecer lo privado, o la propiedad privada de algo que no fuese la ropa o la comida de consumo. Los otros parecían defensores solo de lo privado y casi pedían que desapareciera el Estado y se construyese toda la relación de convivencia solo entre particulares. Le causaba mucha risa y le embargaba la idea de que fuésemos tan torpes y no pudiésemos entender ese juego, y que , además, fuese uno de los temas de enfrentamiento intelectual y político de nuestra época. Decía para sus adentros, “si son un pueblo agrícola y de una producción variada, ¿cómo no entienden que hay una propiedad privada de la viña, y de los frutales y campos de cereales, pero ha de existir un camino público por el que circulen todos en igualdad de condiciones y pueda acarrear su producción, o traer los abonos o riegos?. Ha de existir un mercado público donde todos accedan en igualdad de oportunidades a vender y comprar lo que deseen. Y todo esto no es posible sin una muralla pública y unas fuerzas armadas públicas.

¿Cómo, se repreguntaba, les resulta tan difícil entender que lo privado y lo público han de existir por igual, porque uno alimenta y da vida al otro?. Y que su verdadera contraposición es lo que da vitalidad a una comunidad. ¿Cómo no comprenden que simplemente es una cuestión de Equilibrio, y que es esa mejor relación de contrapeso y balanceo lo que hace que una comunidad sea más rica, más culta, o mucho más desarrollada que otra?.

Si no hay vida y propiedades privadas en equilibrio con lo público no hay autonomía de las personas, de las familias o de las empresas y sociedades –de hecho, aún dentro de la Iglesia católica que era propietaria de todo, como si de un estado comunista se tratase, las órdenes religiosas solicitaron y obtuvieron su propio patrimonio, algo exclusivo de los monjes, o después, monjas, que pertenecían a esa comunidad- y a lo que da lugar el que solo existan los bienes comunales, es a una terrible dictadura de los órganos que dominan ese estado, y esta lleva a la desidia y a la inacción de sus ciudadanos o de sus empresas y familias.

Es la autonomía individual la que creó toda la cultura, la pintura, la escultura, la arquitectura, los libros, los experimentos científicos y todo el desarrollo industrial y profesional. Sin la autonomía y la propiedad privada no existe la creatividad y el cambio. Toda comunidad se anquilosa, se congela, y muere encorsetada –miremos la historia, incluso de la iglesia Católica, en el S.V Benito de Núrsia tuvo que modificar este concepto-. Analicemos fríamente los estados llamados “Comunistas”.

Lo público es absolutamente esencial. Si no hay una seguridad pública quién detendría a los poderosos, pues estos con su dinero pagarían huestes armadas que aplastarían o robarían a los demás. Sin murallas o un ejército público no existiría esa comunidad porque los enemigos la destrozarían o la esclavizarían. Sin lo público no existiría un mercado justo y bien armonizado. Los más fuertes impondrían constantemente sus normas como sucede en la actualidad con los monopolios y oligopolios.

Yony se reía y se regodeaba en nuestra incomprensión. ¿Tan difícil es entender que se necesita un equilibrio constante entre lo público y lo privado y que si defendemos solo a uno, o solo al otro, caemos en el abismo como cualquier estudio histórico nos demuestra.

Claro está que alcanzar ese equilibrio es bastante difícil, ¡Por eso es tan valioso!

Sobre el autor

Carlos Gonzàlez-Teijòn es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición Psicología de virtudes y pecados, de editorial, Letras de autor.

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