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OPINIÓN

Los tontos no pueden votar

C.J. Fernández | Martes 10 de septiembre de 2019
Cuando tu voto vale lo mismo que el de una persona que no sabe siquiera quién es, que no tiene conciencia de sí misma, ni de lo que hace, entonces es que tu voto no vale nada.

Cuando nombran presidente, de una mesa electoral, a un sordo ciego no es un avance, no es un hito de la inclusión. Es un insulto a la democracia representativa. Porque ese presidente de mesa no es el presidente de mesa. Lo es la persona que tiene que acompañarle, necesariamente, para validar y darse cuenta de quién ha votado y quién no, cuál es su identidad y recoger los votos y contarlos…, cosas que el sordo ciego no puede hacer.
Estamos asistiendo a un menosprecio de la democracia representativa, a un intento de imponer el caos, de erosionar todos los mecanismos de representación de la ciudadanía, precisamente para deteriorar el conjunto del sistema democrático, en un proyecto que tiene múltiples aristas y caminos pero que conduce, de manera intencionada, a la degradación del sistema de representación democrático y a la eliminación de sus controles por parte de la ciudadanía. Busca, en suma, destruir la confianza, de esa ciudadanía, en nuestra democracia.
Todo ello para generar una situación de caos, de hacer sentir a cada ciudadano que no tiene quien le represente. Un deterioro que pueda permitir ante el conjunto de la sociedad representar un problema de representatividad, de tal manera que sea más fácil, a los salvadores de esa representación, de esos ciudadanos perdidos y confundidos, imponerse y medrar.

Pero esto ya lo hemos vivido. Todos recordamos el “no nos representan”, el “rodea el Congreso” hasta que sus impulsores encontraron el camino a los sillones.

Estos salvadores quieren llevarnos a una forma, más o menos encubierta, de dictadura como ya disfrutan algunos países asiáticos y caribeños y de esos cómplices de la degradación que plantean que voten los menores de edad, los que acaban de llegar, o algunos animales.

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