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OPINIÓN

Trump, el socio ideal de los ayatolas

Por Alejandro A. Tagliavini*

Alejandro A. Tagliavini | Martes 16 de junio de 2026
Pocos años atrás, mi madre estaba de turista por Vietnam. Le envié un email: "Si ves algún prisionero yanqui, intenta liberarlo". “Desde este McDonald’s solo veo mi Coca Cola delante” me contestó.

La broma me dejó pensando. Las guerras no sirven para nada. No es una cuestión de "pacifismo", simplemente son ineficientes e inconducentes, destructivas y, por supuesto, mortales, lo dice la ciencia no es una opinión mía.

Muchas muertes, mucha destrucción. ¿Para qué? Hoy, los herederos de los vencedores comunistas, sin guerras, adoptaron el camino ideológico que se quiso, y no se pudo, imponer con las armas y Vietnam crece a medida que libera su economía a un ritmo del 7% anual, por encima, irónicamente, del de Argentina cuyo presidente es aliado de la Casa Blanca. Tonta Guerra.

Hoy Trump lidera una escalada militar contra los criminales ayatolas de Irán. Una amiga iraní, residente en Alemania, decía que los iraníes no están protestando y muriendo en las calles por un acuerdo nuclear, sino por su vida y libertad. Mientras que el presidente de los EE.UU. destruye al país, perjudicando sobre todo a sus ciudadanos, sin que le importen las ejecuciones de civiles.

El país en general está más debilitado, pero lo está su gente el régimen no, por el contrario, la sangrienta tiranía está feliz por la “situación de guerra” que le permite endurecer la represión sobre ciudadanos cada vez más angustiados y debilitados.

La ciencia ha demostrado -de modo definitivo y concluyente- que la violencia destruye siempre: es contraproducente incluso en los casos de defensa propia y urgente. Para empezar, es una incoherencia lógica -y la lógica es una ciencia- que la violencia se resuelva con más violencia, por el contrario, se suma, aumenta. Más, es más.

Los griegos -e.g. Aristóteles- ya sabían que el universo está regido por un orden: el sol rota regularmente, los animales necesitan alimentarse para vivir, etc. Luego, dice la ciencia, la violencia es una fuerza extrínseca que pretende desviar el desarrollo espontáneo de este orden: por caso, al asesinar una persona se coarta el que siga evolucionando desde su potencial intrínseco. Así las cosas, desde que la violencia es extrínseca y contraria al orden vigente, es imposible de toda imposibilidad que, en ningún caso, ayude -o “defienda”- al desarrollo del universo, de la vida, de la naturaleza.

Por el contrario, los métodos eficaces de defensa son los pacíficos, empezando por permitir que las sociedades “sean libres”, es decir, que no sean coaccionadas por los Estados utilizando su monopolio de la violencia. Así, los países más libres, como Suiza, son altamente pacíficos tanto interna como externamente.

Para rematar la idea de las guerras como solución, estudiemos la emblemática Segunda Guerra Mundial (SGM). La propaganda oficialista ha sido tan fuerte -incluido Hollywood- que hoy es difícil encontrar quién haga un análisis serio y objetivo. Por cierto, quizás tenga razón quien me dijo que la Primera Guerra Mundial fue peor, ya que indujo la Revolución Rusa, el ascenso del nazismo, la Gran Crisis y la SGM que logró el efecto contrario, sumó violencia y esparció el despotismo.

Los argumentos de los occidentales a favor de esta guerra han probado ser falsos. Dijeron que se hacía para combatir la tiranía, pero trajo otra peor. Se terminó la de Hitler, pero se apuntaló la de Stalin, más sangrienta, que propagó el comunismo, el terrorismo y apuntaló a los Castro en Cuba, que, a su vez, sostienen al chavismo.

Mirando el mapa del totalitarismo antes de la SGM se ve que el negro nazi y el rojo soviético sumados ocupan menos territorio que el rojo soviético después. Se diría, sin lugar a equivocarse, que EE.UU. e Inglaterra reforzaron a Stalin -en lugar de debilitarse hasta desaparecer enfrentado con los nazis- que fue el verdadero ganador de esta guerra y por ello, a pesar de sus atrocidades, hoy sigue siendo un héroe en Rusia. En Viena, existe un monumento central a los Héroes del Ejército Rojo, ninguno a los occidentales.

Por cierto, los atroces campos de concentración nazis fueron fogoneados por la SGM que distrajo a la opinión pública. Dicen que los británicos entraron en esta guerra para defender a los judíos, pero Geoffrey Wheatcroft asegura que no pretendían terminar el Holocausto, sino “proteger” a la Polonia que Churchill abandonó en Yalta en manos de un tirano peor.

Witold Pilecki, oficial polaco, para corroborar los rumores sobre crímenes, en septiembre de 1940 se dejó atrapar y fue llevado a Auschwitz. Durante dos años y medio fue víctima y testigo de un infierno planificado a escala industrial. A pesar de sus peticiones, jamás se realizó alguna operación aliada al respecto.

Tras la guerra, Pilecki continuó recopilando información sobre las atrocidades durante la ocupación soviética. Fue descubierto y torturado, acusado de espía antisoviético y, antes de ser ejecutado, declaró que “comparado con esta gente, Auschwitz fue un juego de niños”.

Jan Karski era otro oficial polaco que se coló en el gueto de Varsovia. Escapó y llegó a entrevistarse con muchos como Roosevelt, que, tras escucharlo en el despacho oval, sin hacer darse por enterado de su escalofriante relato, le preguntó sobre los caballos polacos en el ejército. “Los judíos fueron abandonados por todos los Gobiernos… Si sobrevivieron miles… fue gracias a la ayuda de personas individuales. Ahora, todos los Gobiernos… dicen hipócritamente ‘intentamos salvar a los judíos’…” aseguró Karski.

Y, finalmente, otro argumento era que el único modo de sacar a Hitler era por la fuerza. La SGM asesinó a unos 60 millones de personas, destruyó masivamente propiedad privada, y va otra incoherencia: no se “defiende la libertad” coartando libertades, aumentando impuestos para financiar la guerra, forzando a la gente hasta obligarla a enrolarse y llevarla a la muerte. Y los ejércitos aliados -particularmente el soviético- cometieron graves crímenes, como la violación de miles de mujeres y niños, y las bombas atómicas que asesinaron a unos 200.000 inocentes.

Difícilmente, aun con todas sus atrocidades, el nazismo habría provocado tantas muertes y destrucción antes de su inevitable caída, ya sea porque se habría aniquilado con los soviéticos —y el mundo quedaba librado de las dos tiranías— o porque le hubiese sucedido como ocurrió con la más poderosa URSS, que cayó sola mostrando que los métodos pacíficos son los eficaces, incluso en los casos de defensa propia y urgente.

La libertad y su sinónimo la paz -y la felicidad y la riqueza-, dicen la ciencia y la sabiduría, solo se consiguen con paz y libertad.

En fin, a pesar de lo que dice la ciencia, hoy una mayoría de personas cree (“cree” por “fe” visceral, porque sí, sin razonar) que la violencia en casos de “defensa propia” es necesaria. Los hechos, el avance moral y tecnológico, se les van a imponer antes de que alcancen a razonar. Trump ya está viendo lo inútil de sus guerras. The Economist publica un artículo mostrando que La tecnología inteligente está haciendo de la guerra una elección más tonta, es decir, gracias al desarrollo tecnológico las guerras son cada vez menos una opción para “vencer al enemigo”.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

En X @alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

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