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OPINIÓN

Cambios en la Fed: cuando los burócratas discuten la inmortalidad del cangrejo

(Foto: La Casa Blanca).
Alejandro A. Tagliavini | Miércoles 29 de abril de 2026
Jerome Powell encabeza este miércoles 29 de abril su última reunión al frente de la Reserva Federal (Fed) de los Estados Unidos. El nominado para sucederlo, Kevin Warsh, es un economista y ex responsable de política monetaria que sirvió como miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed desde 2006 hasta 2011.

La preferencia de Warsh por el PCE (Personal Consumption Expenditures, Price Index) recortado, como medida que los burócratas utilizan para estimar la inflación, en lugar del PCE subyacente se ha convertido en objeto de controversia, con varios críticos señalando que la política monetaria podría resultar contraproducente.

La tasa de inflación del PCE promedio recortado (Trimmed Mean PCE Inflation Rate) es una medida alternativa de la inflación subyacente calculada por Fed de Dallas. A diferencia de los índices convencionales (PCE), esta medida pretende eliminar el "ruido" o volatilidad extrema de ciertos precios con la intención de identificar la tendencia inflacionaria verdadera y estructural.

El proceso consiste en ordenar las variaciones de precios de todos los componentes del PCE de menor a mayor y "recortar" o descartar un porcentaje de las variaciones extremas en ambos extremos (las más altas y las más bajas). Así, la Fed de Dallas dijo que preferiría usar el PCE recortado, que excluye el 31% superior y el 24% inferior de los componentes de precios detallados.

Por su lado, el PCE subyacente (Core PCE) elimina automáticamente solo los precios volátiles, los de los alimentos y la energía, y se supone que sirve como un indicador más preciso de la tendencia de inflación a largo plazo, superando a menudo a las medidas convencionales, al reducir la volatilidad, y su publicación se actualiza mensualmente en línea con el calendario de ingresos y gastos personales de la Oficina de Análisis Económico (BEA, Bureau of Economic Analysis).

De modo que el PCE recortado elimina cualquier componente, independientemente de su categoría, que haya tenido un comportamiento de precio extremadamente inusual en un mes dado. En resumen, supuestamente proporciona una visión más suavizada y estable de cómo están evolucionando los precios, eliminando los componentes más volátiles para ver la dirección real de la inflación.

Ahora, resulta que hoy el PCE recortado llega a solo 2,3% anual (la “meta de inflación” de la Fed es 2%) y podría sugerirle a los burócratas que no hay margen para recortar las tasas de interés de referencia de la Fed, y menos aun cuando el PCE subyacente está en 2,8%. La excusa de muchos burócratas es que el PCE recortado no fue diseñado para subestimar la inflación, sino para capturarla mejor lo que se logra recortando una gran parte de los artículos de alta inflación.

El PCE recortado sería una "herramienta de confirmación de tendencias" en lugar de un indicador adelantado, según los burócratas. "Muchos argumentan que el PCE recortado es difícil de usar como indicador adelantado en el entorno actual. Pero… nunca tuvo la intención de ser un indicador adelantado en primer lugar. Su papel real es ayudar a confirmar si una tendencia de inflación ha cambiado" aseguran analistas y también funcionaría cuando la inflación comienza a enfriarse pero esto no se refleja claramente en el PCE subyacente.

O sea que cada burócrata calcula la “inflación” como más le conviene. Se parece a la reciente discusión en Argentina sobre qué base (2004 o 2017/18) utilizar para calcularla con lo que evidentemente no tiene valor científico como no lo tiene toda la econometría, solo la tiene para los burócratas a quienes no les conviene que se sepa la verdad. Esto es tan evidente que no se entiende cómo es tan popular, incluso entre “expertos”, el confundir la suba del PCE (o IPC) con inflación.

Como bien explicó Ludwig von Mises y la Escuela Austriaca de Economía, la econometría no es una ciencia, sino un dibujo para justificar lo injustificable con aire de ciencia por el solo hecho de abundar en “estadísticas” (calculadas con métodos y criterios arbitrarios, como vimos) y las matemáticas que, estrictamente, no son una ciencia sino un lenguaje científico. Mises argumentaba que la economía está basada en la acción humana, lógica y deductiva (praxeología), por tanto, en la moral entendida como el estudio del comportamiento humano, de acuerdo con el orden natural, del cosmos.

A diferencia de las ciencias reales, “físicas”, en la economía no existen relaciones constantes entre variables ya que, dado el libre albedrío, las preferencias humanas cambian constante e imprevisiblemente, lo que hace imposible derivar leyes científicas exactas a partir de datos pasados. La acción humana es irrepetible: Mises sostenía que los datos históricos son el resultado de acciones humanas complejas e irrepetibles en tiempo real, por lo que no pueden utilizarse para predecir el futuro o validar teorías económicas.

Así, la econometría trata los datos históricos como si fueran resultados de un experimento de laboratorio, ignorando que el contexto histórico y social cambia, en tiempo real, dado el imprevisible libre albedrío. La econometría pretende cuantificar fenómenos económicos y validar modelos teóricos mediante inferencia estadística, espera, como todo lo surgido de concepciones totalitarias que las personas, el mercado, tenga un comportamiento uniforme, medible.

Por otra parte, la moneda cumple, como todo bien o servicio en el cosmos, con la curva de oferta y demanda en tiempo real. ¿Por qué no lo haría? Solo porque a los burócratas y políticos no les conviene que esto se sepa. Entonces, la inflación (o deflación) es un exceso (o defecto) de emisión monetaria en tiempo real, lo que provoca la desvalorización (apreciación) de la moneda. Ergo, la inflación (deflación) no es la suba (baja) del PCE o el IPC, aunque tengan una relación indirecta (al devaluarse la moneda un bien se cotiza al mismo valor, ergo, más de esa moneda).

Todo en tiempo real, comparativamente, podría decirse que ocurre al mismo ritmo que la cotización de la moneda local contra el dólar (si no fuera que a su vez el dólar tiene inflación) en un mercado realmente libre. Y esto no lo realizan los burócratas que se mueven con lentitud, según procedimientos y protocolos absurdos y engorrosos y por órdenes políticas, ergo, son incapaces de controlar realmente la inflación.

Para remate de todo esto, los burócratas fijan las tasas de interés sobre estos índices, lo que resulta completamente contraproducente, porque las tasas arbitran entre la necesidad de capitalización y consumo en tiempo real y los burócratas las deciden cuando les viene en gana y sobre bases falsas. De modo que, cuando un burócrata establece tasas, necesariamente está dilapidando recursos sociales, ya sea en exceso de consumo o exceso de capitalización, según las tasas sean exageradamente bajas o altas en comparación con las que establecería el mercado en tiempo real.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

En X @alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

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