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OPINIÓN

¿Abascal vicepresidente, Figaredo en Interior y Tellado a Cultura?

José Luis Úriz Iglesias | Jueves 19 de febrero de 2026
Tengo 77 años, viví durante 27 en el tardo franquismo y aunque me tocó la parte menos dura lo sufrí en propias carnes. Sé lo que es vivir bajo la dictadura y la represión.

En aquella época como militante comunista y por tanto anti franquista, coincidí con socialistas, gentes de otras izquierdas, pero también con demócratas de derechas.

Participé activamente en reuniones de la Junta Democrática y lo que después se denominó “Platajunta”, donde demócratas de todo tipo expresábamos nuestras duras experiencias, añorábamos una democracia que tardó en llegar y que tanto nos costó alcanzar.

Hoy, cincuenta años después, es la primera vez que la veo realmente en peligro y creo que todos esos demócratas, seamos de izquierdas, derechas, o centro, ahora en partidos antiguos y nuevos, deberíamos tomárnoslo muy en serio.

Cuando en algún grupo de internet en el que colaboro me encuentro con esas nuevas gentes de partidos como Cree, Ciudadanos, Vamos, o Partido Libertario, extremadamente críticos con el gobierno y con veleidades peligrosas sobre las extremas derechas, reconozco que se me abren las carnes, que me producen escalofríos.

Les suelo decir cuando incluso añoran aquella siniestra época del franquismo, que si se pudiera les enviaría una semana, simplemente eso, allí y que a la vuelta, si es que volvían, me lo contaran.

Probablemente esa experiencia les vacunaría contra el fascismo de por vida.

Cada mañana analizo la prensa diaria, observo escandalizado las diferentes noticias y quizás por esa experiencia me doy cuenta del peligro que corremos, que corre nuestra joven (50 años no son demasiados) democracia.

Estamos a un telediario de que los fascistas de diferente corte alcancen el poder definitivo. Ya lo tienen en numerosos ayuntamientos, comunidades autónomas, cúpula de grandes empresas, una parte de la judicatura y numerosos medios de comunicación.

El único obstáculo que les queda es el gobierno de la nación,

Ya no se ponen caretas, no lo necesitan, nos indican sin ningún pudor que si pueden gobernarán juntos y que lo harán con el programa de los más radicales.

Así el negacionismo de todo tipo, climático, de igualdad de género, de apertura a la emigración, de respeto a los derechos humanos, tendrá todo el poder, todo.

¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Cómo es posible que haya cambiado tanto este país? Me pregunto mientras por mi ventana veo por fin aparecer el sol.

Necesitaría diez artículos como este para analizarlo con un mínimo de rigor, pero me gustaría apuntar alguna idea.

Ahora que se habla mucho de casos de agresiones sexuales y acosos, observo que el electorado de las derechas extremas los consiente sin ningún efecto negativo, mientras que el de las izquierdas lo castiga, como debe ser, con dureza. Igual pasa con la corrupción.

La ética, en un momento de crisis de valores, lastra solo a unos.

Por otro lado la labor excepcionalmente positiva del gobierno, no acaba de llegar a la ciudadanía, quizás por defectos en su labor pedagógica.

También porque el ruido ensordecedor impide que se escuche lo positivo.

Acabamos de tener datos muy positivos sobre nuestro crecimiento económico, en parte debido al crecimiento del consumo, del control de la inflación, o del crecimiento de un empleo de mayor calidad. Nada, no acaba de llegar a la ciudadanía.

Tenemos enemigos muy poderosos y cada vez van más unidos con un fin común; alcanzar el poder absoluto.

De ahí viene otra de las claves. La función cainita de una izquierda a la greña, incapaz de cerrar la unión en aras del bien común.

Esta reflexión supongo que será como otra voz que clame en el desierto y que el camino suicida hacia ese despeñadero no será frenado. Lo lamentable es que después habrá llanto y crujir de dientes durante demasiados años, al menos para mí.

El peligro es real, solo si algún rayo de lucidez alcanza a los dirigentes de las izquierdas es posible intentar evitarlo.

Escuchando esta mañana a uno de sus gurús más importantes, Pablo Iglesias, negros nubarrones lo fulminan.

Pablo, después no me cuentes milongas cuando las gentes de Figaredo dominen RTVE, porque para entonces ya será tarde. Lo que haya que hacer es ahora el momento. Ahora o nunca.

No soy creyente, pero a veces viendo el panorama me entran ganas de pasar por la iglesia de Villava y ponerle una docena de velas a San Judas Tadeo, patrón de las causas imposibles.

Quizás sería la única manera de que gentes como Pablo entren en razón.

Veremos.

Fdo.: José Luis Úriz Iglesias (Ex parlamentario y concejal de PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia 18 febrero 2026

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