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OPINIÓN

Todo se sabrá...

José Luis Úriz Iglesias | Viernes 16 de febrero de 2024
El próximo domingo se celebran las importantes elecciones en Galicia, que suponen el pistoletazo a un año repleto de ellas. Después vendrán las de Euskadi, el 6 de junio las europeas y quizás antes de terminar el año las catalanas.

A pesar de que el PP inició la campaña pletórico seguro de volver a repetir su mayoría absoluta, a medida que pasaban los días se ha ido desinflando como un suflé especialmente por los numerosos errores que van cometiendo y que tuvieron su máxima expresión el pasado sábado a la noche.

Da la sensación de que les puede ocurrir lo mismo que les pasó en las del 23-J del pasado año.

Cuando se abrieron las urnas salieron de ellas como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando y aún no se han recuperado.

¿Qué pasó pues ese sábado noche? Pues sencillamente que alguien de su cúpula, probablemente el mismo Feijóo, se acojonó (perdonen la expresión) leyendo el comunicado que Puigdemont había enviado a los miembros del parlamento europeo unos días antes, denunciando la persecución policial que está sufriendo.

En el final del mismo señalaba una frase fatídica para los intereses del PP y Feijóo, “todo se sabrá” venía a sugerir.

Exactamente se refería a que el acoso judicial no existiría si hubiera permitido el acceso a la presidencia del gobierno a Feijóo, culminando el razonamiento con un contundente “y de esto también se sabrá cuando llegue el momento”.

Esa lectura produjo en el líder del PP y sus huestes un ataque de pánico que les condujo a lanzar una apresurada respuesta, en la que abrían la caja de Pandora con medias explicaciones y verdades a medias.

En esa cadena de desvaríos incluso el propio Feijóo llegó a pronunciar una palabra maldita; “reconciliación”, además de reconocer que lo ocurrido el 1-O de 2017 no se podría considerar terrorismo, rematando con la insinuación de que se podrían conceder indultos incluso para el propio Puigdemont con una serie de condiciones.

Un lío que ha producido desconcierto absoluto entre los suyos. La amenaza de Puigdemont había surtido su efecto.

Desde entonces no se habla de otra cosa en este país, una vez superados los premios Goya y las meteduras de pata de sus socios de VOX a través del vicepresidente de la junta de CyL, Rodríguez-Gallardo.

Ver la cara de su presidente Mañueco ante la soberana lección que le lanzó Pedro Almodóvar indica el daño que les hizo.

Metedura de pata tras metedura de pata en un momento vital para sus intereses con las elecciones gallegas en puertas.

Volviendo a su campaña tampoco es que estén acertando demasiado. Se han dado cuenta de que tienen un candidato muy flojo. Alfonso Rueda no rueda como dicen y se ha quedado absolutamente petrificado después de su fracaso en el debate habido en la televisión gallega.

Los candidatos de la izquierda le dieron como se dice coloquialmente hasta en el carnet de identidad, especialmente Ana Pontón, candidata del BNG, que fue la que resultó ganadora clara.

Por eso no va a acudir al que ha organizado TVE confirmando esa debilidad.

Rueda ya había demostrado signos de no dar la talla a raíz de la minicrisis de los pellets que llegaron a las playas gallegas, parece que afortunadamente para él ya olvidados.

Así el PP con Feijóo a la cabeza se encuentra a unas horas de estas elecciones cruciales a un paso de perder la mayoría absoluta.

Todas las encuestas les dan a la baja, aunque la única que señala un peligro claro de quedarse por debajo de los 38 parlamentarios que necesitan es la de CIS. A eso se agarran como a un clavo ardiendo insistiendo una y otra vez que el organismo que dirige Tezanos nunca acierta.

Convendría recordarles que precisamente en las del 23-J fue el único que acertó y podría volverse a repetirse para su desgracia.

Si después del aquel descalabro pierden Galicia ahora sería prácticamente el final del propio Feijóo. Sólo le quedaría ya la esperanza de ganar por goleada las elecciones europeas del próximo 6 de junio, porque ni en las vascas ni en las catalanas su esperanza tiene cabida.

Visto así el panorama la posición actual del gobierno y en especial de Pedro Sánchez mejora sustancialmente precisamente cuando ya se encontraba prácticamente en KO técnico.

Paradojas de la política, ahora quien le había llevado a esa situación, Carles Puigdemont, le salva de ella, aunque las torpezas de Feijóo le hayan ayudado, aún no sabemos si de manera definitiva.

Indudablemente la cosa ha mejorado para las izquierdas y empeorado para las derechas.

Sólo falta por saber el efecto que puede producir la irrupción en escena del sector agrario y ganadero, donde la mano negra de la extrema derecha aparece lentamente.

Todo ello añadido a la sublevación de un sector del poder judicial empeñado en cargarse a Pedro Sánchez, podría dar la vuelta a la tortilla.

El próximo domingo se verá si el efecto en el electorado es mayor por lo comentado al inicio, o por las reflexiones finales.

Veremos...

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