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OPINIÓN

Lecciones talibán (14)

Carlos González | Viernes 18 de febrero de 2022

De todo este conflicto, lógicamente tanto del Larvado -que existirá siempre entre todas las civilizaciones, culturas, formas políticas y maneras de organizarse los colectivos humanos por la competencia entre unos y otros por el ánimo de preponderar- como del Manifiesto -cuando unas entran en ataques concretos con la intención de destruir a la otra-, hemos de sacar los máximos conocimientos posibles. ¿Con qué fin?



Pues para disponer de la máxima información acerca de cómo somos y cómo nos comportamos. Analizándonos a nosotros mismos como si del estudio específico de otro grupo se tratase, podemos saber dónde están los fallos, y por ello, ciertos errores podremos irlos corrigiendo. La actividad humana desde el albor de los tiempos no ha consistido en otra cosa que ir avanzando en los mejores mecanismos de supervivencia. Parte imprescindible de la misma es la mejor convivencia. Ya está demostrado que cuanto mejor sabemos convivir y mejores mecanismos de equilibrio social disponemos, mucho mejor es esa cultura en todos los órdenes de la vida. Y por ello es la que, en la práctica, triunfa, y lo medimos porque es la que sobrevive.

De este conflicto por la preponderancia cultural, de costumbres, de maneras políticas, que se esta dando en el territorio llamado Afganistán entre la vieja cultura Pastún, de religión Musulmana, y la cultura de Occidente, ya no cristiana, sino constitucionalista y sometida al imperio de la ley, si seguimos con ese perenne ánimo de querer aprender y saber, debemos destacar lo siguiente:

Aquellas élites que quieren dominar un territorio y liderar un Grupo Social Organizado (GSO), inconscientemente pregonan y aplican una serie de ideas y formas políticas -léase religiones o ideologías- que creen que, a corto plazo, son las que les llevarán al triunfo, y con él imponer su voluntad sobre todo el grupo, y presentarse ante los demás GSO -en estos momentos les llamamos “Estados”- como las legítimas y legales autoridades de esa organización social, y raramente piensan en un plazo mas largo. Hemos de aprender, todos, que es muy importante que analicemos la evolución en el tiempo. Y si así lo hacemos comprendemos que, en este momento concreto, ¿cómo van estas nuevas autoridades en Afganistán a mantener su población unida políticamente con ideas que en la práctica ya ninguno de los demás estados que dicen seguir esa religión aplican? Hasta la Wahabí, y por ello retrógrada Arabia Saudí, dispone de mujeres médicos, abogadas, o ingenieras, y ya no se le ocurre decir que no pueden estudiar. La conclusión clara es que “No se puede aplicar una forma de pensar que no tenga en cuenta el entorno, debemos comprobar que piensan y cómo actúan todos nuestros vecinos cercanos, o, incluso, más lejanos”.

Se ha demostrado en este conflicto hasta la saciedad, que, en la práctica, ya de hecho, sin discusión alguna, vivimos en una Aldea global. Lo que sucede en Afganistán, se quiera tapar o no, es conocido en tiempo real en todo el globo terráqueo. Es visto y valorado desde el sur de Chile al norte de Rusia, y desde el este de Australia al Oeste de Canadá. Todo el mundo opina sobre lo que está pasando y la comunicación humana se produce, en tiempo real, entre todas las formas de pensar y actuar del planeta. Ya no pueden existir, no ya los estados cerrados o aislados, sino las culturas, religiones, ideologías o civilizaciones aisladas. Porque todos los ciudadanos del globo están viendo lo que está sucediendo y lo que es mejor, lo juzgan, y con ello ven el resultado práctico de la aplicación de una u otra política o idea concreta. Desde el “Negacionismo de la COVID” de Bolsonaro, hasta de “La oposición a la primacía del derecho europeo de Polonia”. Todos valoran sus consecuencias y realizan la traslación a su país, a su grupo social concreto, y todos se preguntan: ¿Qué es lo que pasaría si sus autoridades hiciesen esto o lo otro?

Quizá la conclusión, y por ello la enseñanza más clara puede ser la siguiente: Ya no se ve a “Espíritu Santo” ninguno, ni a “Dioses concretos” tampoco, y, por supuesto, ninguna ideología en solitario que diseñen o dirijan los comportamientos y las políticas grupales concretas de país alguno. Somos simplemente los humanos los que hacemos todo eso. Solo somos nosotros los que con nuestras ideas y conocimientos adoptamos esta o aquella decisión. Por supuesto que somos libres de adoptar la que creamos más conveniente, pero en base a ello, y esto es lo novedoso y muy importante, “Somos los únicos Responsables”. Ya no podemos escudarnos en nada ni en nadie. Y, además, sabemos que todas las decisiones las tomaremos única y exclusivamente en la defensa y consecución de “Nuestros Intereses”. Por nuestro “Egoísmo”. Claro que decía Nietzsche “El Egoísmo, esa virtud tan poco recompensada”. Porque claro que habrá siempre egoísmo, pero es mucho mejor el Deseo-Egoísta de querer que tu estado crezca y se desarrolle con normalidad de cara a la modernidad, que el de querer dominar a tus vecinos a punta de fusil y pretender tratar a tu parienta como si fuese tu esclava.

Somos los seres humanos los que lo hacemos todo, por ello hemos de prepararnos lo más posible, aprender y aplicar los mejores conocimientos, porque de lo que hacemos, de lo que hagamos… Seremos los únicos responsables

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