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OPINIÓN

El estado del estado (94): La verdad (XIX)

Carlos González | Domingo 11 de abril de 2021

Siguiendo con los razonamientos anteriores, nos dice Yony que quizá ya debemos descender a análisis concretos y así podremos entender, y en su caso explicar a otros, los funcionamientos de los individuos y los grupos sociales en la historia. El estudio, como no podría ser de otra forma, ya lo haremos siguiendo las leyes universales y por ello desde un punto estrictamente racional y científico.



Ya el marxismo explicó muy ampliamente la lucha de clases. Es absolutamente cierto, como ley universal de las partículas sub-atómicas, que se dará en cualquier grupo social, y, a su vez, entre estos, una permanente e inagotable lucha de clases. De posiciones. De defensa de la Ortodoxia y la Heterodoxia. Del Núcleo y de los márgenes. De los que son pro-régimen -Núcleo, que a su vez estarán los protones muy defensores, y los neutrones, más pacíficos y acomodaticios, ni fu, ni fa- y de los que pretenden sustituirlo por otro –electrones alrededor y con carga negativa, siempre a la contra-. El nuevo régimen que se predica por estos puede que sea tangible y susceptible de ser construido y aplicado, o que solo existe en su imaginación.

En lo que ha fracasado el análisis Marxista, por ir contra estas leyes de la Física, es que esa lucha de clases es y será… Permanente. Sucederá mientras exista energía, vida, dinamismo y cambio. Solo cesará con la muerte absoluta. Con la destrucción de la más mínima energía, y con la parálisis que hará que sea imposible no ver más que una absoluta masa uniforme. Ya lo dijeron ellos mismos: La lucha de clases es el motor de la historia. Luego si es el motor, mientras exista Historia, debe haber un motor y este será, según las leyes universales, la constante interacción de fuerzas que lucharán por unir o partir un átomo, una molécula, una célula o una organización social.

Al descender y analizar cualquier estado que decía ser marxista, lo primero que surgió fue la lucha a muerte, terrible y enormemente sangrienta entre los defensores del régimen, del llamado “Estado” y los sufridores del mismo, que, como no estaban organizados, sufrían en privado las presiones y destrucciones, pero que en su fuero interno solo deseaban la destrucción de lo que ellos sufrían como una dictadura.

Más tarde, ya implantado, surgió –como no podía ser de otra forma- la lucha de clases entre los del “Partido” y los ciudadanos, los que mandaban y los que obedecían. La jerarquía y los gobernados. Surgido el sindicalismo –Lech Walesa- fue combatido a muerte, y cuando apareció el deseo de pueblos y naciones de organizarse por su cuenta –Interacción Nuclear débil- tal como el mismo Marxismo predicaba hasta la saciedad la libre determinación de los pueblos, se aplastó sin piedad a Hungría (1956), y Checoeslovaquia (1968). Y cuando ya no se pudo aplicar la Nuclear fuerte y unir y dominar, se rompió el régimen y se destruyó el estado (Toda la URSS). Que a su vez los alemanes del Este se unieron a los del Oeste creando una nueva organización –la nueva Alemania- más fuerte y unida.

Esa lucha de clases se siguió dando, por eso funcionó el motor de la historia y esta se continuó produciendo. A su vez, una vez reunificada Alemania surgió la lucha de los “Pobres” contra los “Ricos”, los asentados contra los recién llegados. Todos, a su vez, de los más ricos y poderosos, o mejor formados, de estas dos Alemanias contra los obreros sin cualificar y más pobres. Y todos ellos contra los inmigrantes que pretendía llegar y asentarse. Prueba de ello es que los partidos xenófobos y de extrema derecha comenzaron a crecer. La lucha de clases no puede parar, porque no puede parar el motor de la historia. Porque los átomos y moléculas no paran nunca y están en permanente confrontación. Eso lo produce la energía. Solo existe la paz de los cementerios. Mientas un individuo o un grupo social esté vivo estará en conflicto permanente. Por eso nos ha enseñado Yony hasta la saciedad, aunque puede que no lo entendiésemos hasta ahora que: Vida y conflicto son la misma cosa. Decía Agustín de Hipona –para otros San Agustín-, que “El corazón del hombre inquieto está y no cesará hasta que repose en Dios”.

Cuando descendemos para hacer estudios racionales y científicos comprobamos cómo los individuos y los grupos funcionamos siguiendo leyes estrictamente físicas, solo que nosotros, como no las entendíamos, nos hemos inventado nuestras religiones e ideologías. Con ellas pretendemos explicarnos la realidad del mundo. Y en ellas fundamentamos nuestras decisiones y leyes para organizarnos, pero de forma inconsciente, en realidad solo seguimos –como no podría ser de otra forma- las leyes universales que nos han creado y nos guían siempre y en todo momento y lugar. Es posible que ya va siendo hora que seamos conscientes de todas estas leyes que determinan nuestra conducta y decisiones, y nos despojemos del acervo de inventos literarios que en el pasado hemos fabulado.

Dicen que decía Jesucristo que, “La verdad os hará libres”. Quizá ya es hora que al conocer y aplicar las verdades objetivas de las leyes que rigen la naturaleza, que nos rigen a nosotros, seremos mucho más libres y tomaremos decisiones muchísimo más racionales, y no seguir la locura que se le ocurra, en cada momento…

Al Chamán de turno…

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