4 de marzo de 2024, 3:23:43
OPINIÓN


Nos descomponemos cada día más rápido (I)

Por Ramón Rodríguez Casaubón

Conforme vamos cumpliendo años y llegamos a la madurez comprobamos como también se han multiplicado las responsabilidades, y con ellas, menguado el tiempo libre y magnificados estrés y ansiedad.


Cierre los ojos, respire profundamente y piense: ¿qué ha hecho usted desde que se ha despertado esta mañana? ¿Se ha dedicado un solo instante? ¡Tan sólo un instante! Y no sirve aquello que se ha convertido en rutina y forma parte de la agenda diaria en esta estrategia de autodestrucción auspiciada desde horizontes muy lejanos a los de su contexto vital e incuestionablemente no decidida por usted, sino padecida. La única opción que se nos da es cargar con este sobrepeso letal denominado estrés. Al estrés, ¿se llega o se nace? Analicemos algunos datos.

Una definición aceptada sobre salud mental es que es “un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad”.

Sobre esta cuestión la OMS define el apoyo en materia de salud mental y psicosocial como “cualquier tipo de apoyo local o externo cuyo objetivo es proteger o promover el bienestar psicosocial o prevenir o tratar los trastornos de salud mental”

El mayor apoyo a corto plazo para mejorar la salud mental es disponer de tiempo para nosotros y ese tiempo solo puede salir de la reducción de la jornada laboral sin menoscabo de los salarios y con incorporación de nuevos trabajadores para compensar esa disminución de la actual jornada laboral. Hablando en plata, treinta horas de jornada laboral en horario no intensivo ni extenuante e incorporación de un nuevo trabajador para suplir las horas que hoy día se realizan.

Recurriendo nuevamente a la OMS, considera:

“El tiempo de ocio algo esencial para el correcto desarrollo del ser humano. Básico para su equilibrio psíquico y social. Incluso se ha llegado a demostrar que el correcto disfrute de ese tiempo previene enfermedades, favorece la creatividad y proporciona una mejor calidad de vida”.

Por otro lado, existen estudios que demuestran que una jornada laboral de cuatro días mejora la salud mental al disponerse de más tiempo para uno mismo. Más tiempo para la familia, más tiempo para los amigos, más tiempo para la comunidad. Menos tiempo para estar sometido a estrés, y no necesitamos de investigaciones que nos digan que el trabajo es una fuente diaria de intenso estrés, la mayoría lo comprobamos cada mañana al levantamos para comenzar nuestra jornada laboral.

En nuestro país se agrava este problema con un monstruo puramente endémico como es la presencialidad. Hay que estar en el puesto de trabajo sí o sí, aunque eso no lleve aparejada productividad. ¿Alguien puede demostrar que en todos los sectores pasar ocho horas presenciales en el trabajo es más productivo que seis o cuatro? Y eso para los que no les hacen trampa y pasan mucho más de ocho horas y cobran como si hicieran cuatro.

En España hay que pasar ya de una vez de la presencialidad a la productividad y ¡ojo!, que durante la pandemia se ha constatado que el teletrabajo ha sido, en demasiadas ocasiones, una forma de esclavitud laboral. Comienza a ser percibido como un riesgo más que una ventaja. Como un elemento que erosiona la salud mental debido al mantenimiento de una carga de trabajo, que crece continuamente, sin posibilidad de desconexión.

Con lo expuesto hasta ahora resulta evidente que hay una variable física que es la clave: el tiempo, y otra metafísica complementaría que es la conversión del ser humano en Sísifo.

La Organización Mundial de la Salud alerta del peligro que supone no cuidar la salud mental, nos proporciona pautas para mejorar dicha salud mental como disponer de tiempo de ocio. Pero ese tiempo de ocio solo lo podemos obtener de la rebaja de la jornada laboral que proporcionaría la posibilidad de nuevos contratos para la incorporación al mercado laboral. Sin embargo, la receta que nos regalan desde las instituciones es mayor precariedad laboral al aumentar de manera persistente el coste de la vida y por tanto la desigualdad indiscriminada, ansiedad y estrés. Se ha construido una sociedad estresada que no disfruta de la vida y el poco tiempo libre que se le deja no le sirve para relajarse sino para desfogarse. Además, se actúa desde la medicación en el mejor de los casos y no desde la prevención. La salud mental solo puede nacer de la necesidad de disponer de tiempo para nuestras vidas y del apoyo a los profesionales que nos ayudan para que la prevención sea la base de las actuaciones terapéuticas.

Una aclaración y una cita para concluir, no hablo de presentismo por conceder el beneficio de la duda al sistema y de ahí que utilice la expresión presencialidad al referirme al hecho de permanecer ocho horas en el puesto de trabajo, aunque realmente solo fuesen necesaria seis; como decía Soul Etspes:

“Si no dispongo de tiempo para reconocerme terminaré por perderme”.

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