31 de julio de 2021, 1:35:31
OPINIÓN


Nadie nace odiando

Por José Antonio Carbonell Buzzian

El racismo es ese odio irracional contra aquellos que pertenecen a otra raza. La historia del ser humano está llena de desgracias, de casos en los que unos dominan sobre otros, de guerras de odios por la simple necesidad de odiar a alguien.


Grandes hombres como Martin Luther King o Nelson Mandela han pasado por la historia por haberse convertido en rostros visibles, excluidos y maltratados que decidieron no seguir bajando la cabeza defendiendo los derechos inalienables que poseyeron por ser seres libres. Consecuencias de políticas expansionistas de las potencias europeas con políticas raciales que por desgracia se están extendiendo a pasos gigantescos; el racismo es una herramienta de determinados poderes o sectores de nuestra sociedad para poder dirigir a las masas contra un falso enemigo al que poder culpar de los males de cualquier ciudad.

En la actualidad en nuestro país se ha abierto la veda para exteriorizar pensamientos y acciones racistas, un claro ejemplo es lo sucedido en el municipio murciano de Mazarrón donde cientos de vecinos clamaron contra el presunto asesinato que tuvo lugar en el municipio nombrado anteriormente, en concreto el domingo pasado una persona disparó con una pistola a un joven marroquí que respondía al nombre de Younes, mostrando su odio hacia los ciudadanos de origen magrebí. Como muestra de repulsa al crimen supuestamente racista, este martes pasado los vecinos del lugar convocaron una concentración para denunciar los hechos.

Algunas políticas se han convertido en estrategias con conductas de incitación al odio, como sociedad moderna no deberíamos permitir fomentar violencia contra otras personas, ni atacarlas ni amenazarlas por motivos de su raza, origen étnico, orientación sexual o afiliación religiosa cuyo objetivo principal fuese incitar a la violencia contra otras personas en función de los criterios anteriormente descritos. Definitivamente nadie nace odiando, esta repulsa se inculca, se traslada y se transmite de unos hacia otros. El compromiso de la sociedad española debería ser el de combatir el abuso, el prejuicio y la intolerancia cuyo único objetivo es el de silenciar las voces de quienes han sido marginados durante tanto tiempo.

“Pueden prohibirme seguir mi camino, pueden intentar forzar mi voluntad, pero no pueden impedirme que, en el fondo de mi alma, elija una u otra cosa”.

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